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lunes, 9 de julio de 2012

Seis personajes en busca de autor (Ensayo)

I
Seis personajes en busca de autor es una obra teatral que tiene dos niveles que pretenden ser uno real y otro ficcional. El primero pertenece a los actores mientras que el segundo es otorgado a los personajes. Sin embargo durante el desarrollo de la obra se irá minando esta concepción inicial al punto que son los personajes los que reclaman un reconocimiento de su identidad en cuanto tal. El argumento es el siguiente: un autor creó unos personajes, creó sus dramas, pero se negó a llevar la obra a cabo, por lo que cada personaje quedó como una historia aislada, inacabada, donde su drama se repite una y otra vez. No hacen una obra sino que juntan sus soledades. Estos personajes se dirigen a la caza de un autor que quiera "recrearlos" en cierto sentido, es decir, que quiera escuchar su historia y dejar que la cuenten. Irrumpen, pues, en el ensayo teatral de un director que está intentando el montaje de una obra del propio Pirandello.

Pirandello llama la atención sobre la especial importancia que se requiere en distinguir los personajes de los actores. Los primeros son: el padre, la madre, la hijastra, el muchacho, el niño y la niña. Los segundos son actores de una compañía teatral que se dedican al montaje y la reproducción de obras. Al comienzo, los personajes quieren hacer notar al director que nacieron personajes, que ellos son más reales -aunque ciertamente menos verdaderos- que los actores, quienes se dedican simplemente a "representar" un papel, y no más. Así pues, la trama se torna complicada al obligar al lector a mantener esa distinción entre uno y otro universo: el de la compañía teatral y el de unos personajes que quieren representar su propio drama.

Al comienzo la conversación entre el director y los personajes se torna imposible, entre otras razones por las constantes erudiciones de Pirandello, quien a veces se excede en sus referencias a lo real y lo fantasioso, dificultando aun más el trabajo. Luego de un rato de explicaciones, el director se queja argumentando que ellos le están contando una historia. El padre se defiende y dice que esa historia es lo que se presupone, es el argumento de la obra. Está, pues, contextualizando la escena. Y aquí el ingenio de Pirandello es sencillamente genial a mi entender, en tanto que el drama que ha ideado es, por sí mismo, digno de ser representado en cualquier teatro. Los personajes representan, palabras más palabras menos, el siguiente drama:

El padre se casa con la madre y tienen un hijo. La madre trabaja en una dependencia y tiene de compañero de trabajo a un hombre del que pronto se hace muy amigo, al punto de que le consulta a éste todo. El padre obliga a su esposa a irse con él, irritado de esta situación, argumentando que ella estará mejor con él. Ella, obligada y no teniendo más opciones, accede. El padre, no obstante, quiere cuidarla a la distancia, por lo que está al tanto de lo que ocurre en esa nueva familia la cual, como es natural, aumenta con otros tres hijos, que corresponden en la obra a la hijastra, el niño y la niña. El padre conoce a su hijastra y la sigue a la salida del colegio, la saluda y la niña, un tanto asustada, comenta a su madre la aparición de un extraño. La madre reconoce al vuelo de quien se trata y, por motivos y azares de la vida, la familia se retira lejos del alcance del padre. Pasan los años y el esposo actual y padre de la familia muere, dejando a su familia en la pobreza. La madre se ve obligada a trabajar como costurera para Madame Pace, quien la acoge como su empleada sólo porque tiene los ojos puestos en la hija, quien es muy bella. Madame Pace tiene un prostíbulo, y secretamente prostituye a la hija sin que la madre lo note. Hasta que sucede el encuentro fatal...entre la hijastra y el padre. Este último acudía porque se agotó de la soledad. Parece que era un cliente habitual. Entonces el drama empieza. El padre, reconociendo a su hijastra, se lamenta. La madre también. Él los acoge y los lleva a vivir a su casa, aunque su hijo, el muchacho, no esté de acuerdo. Y el drama prosigue hasta sus últimas consecuencias, pero mi recuento va hasta este punto para que el lector haga su propia lectura.

Hasta este punto los actores cuentan su historia y la obra se interrumpe -aunque no posea más que un solo acto y dos cortes dentro del mismo-. El director, interesado en la historia de los personajes, los hace entrar al camerino del teatro donde intentará clarificar detalles que le permitirán representar esa prometedora obra. Los actores, desconcertados, no saben qué decir y charlan entre ellos sobre el carácter de esos personajes. Entra el director y les pide que "actúen", lo cual es de todo punto de vista imposible porque ellos simplemente están siendo ellos mismos. El director, algo impaciente, les pide que representen su propia vida. Empiezan el padre y la hijastra en la escena en que se reencuentran. Al comienzo éste no la reconoce porque a ella no se le ve la cara porque lleva puesto un sombrero. Entonces el director los corta y pide a dos de los actores que repitan lo que acaba de ocurrir. Ellos, obedientes, lo hacen, y los personajes, viéndose tan mal representados, no pueden evitar reírse o enfadarse, según estado de ánimo. El director les dice que ellos no saben actuar y, por lo tanto, se requiere de los actores. El padre, desconcertado, intenta explicar por todas las vías posibles que aunque él no sea un actor puede perfectamente desempeñar su papel, sin lograr convencer al director. 
"El drama está en nosotros, somos nosotros; y estamos deseando impacientemente representarlo, con la urgencia de la pasión que se encierra en nosotros" (Pirandello, 1992: 114)
Finalmente el padre se rinde y deja que los malinterpreten en todo el sentido de la palabra. Entretanto la situación se torna más y más confusa conforme avanza la obra, pues los personajes no cesan de intervenir por más que lo eviten. A cada intervención de los personajes sigue una discusión sobre la naturaleza de un personaje, cualquiera que sea. Esas discusiones son bastante eruditas lo cual, en cierto sentido, le quita verosimilitud a la obra misma. Sin embargo esos momentos de erudición se combinan con otros tantos de extrema lucidez actoral de los personajes, quienes, conforme avanza la obra, se van haciendo más convincentes, al punto que parecen estar "actuando". La interpretación se ve interrumpida por las constantes peleas entre los personajes, quienes, pese a pertenecer a la misma historia, no son sino dramas aislados -debido al abandono inicial de su autor-. El padre, quien es, junto a la muchacha, el que más interviene en la obra, intenta sortear esta acusación diciendo lo siguiente:
"Cuando un personaje nace, adquiere inmediatamente una independencia tal, incluso con respecto al propio autor, que cualquier podría imaginarlo en un sinfín de situaciones en las que el autor jamás pensó presentarlo hasta adquirir incluso, a veces, un significado que el autor nunca quiso darle" (1992: 160)
Este tipo de intervenciones que parecen más las de un crítico literario que las de un personaje de una obra de teatro son las que, a mi entender ensombrecen la comedia. Sin embargo, el director sigue la de cerca la discusión, y deja de intervenir en la obra para ver cómo se desarrolla y luego él, por su cuenta, adaptarla como mejor le parezca. Desiste de la idea de ir ensayando con sus actores y empieza a ver el drama. El hijo, que no quiere actuar dice durante sus pocas intervenciones que no tiene nada que ver con todo ese asunto. Entre más lo presionan para que diga algo más se niega:
"¿cree que se puede vivir ante un espejo que, no contento con inmovilizarnos en la imagen de nuestra propia expresión, nos la ofrece además como una irreconocible mueca de nosotros mismos?" (1992: 166)
Entonces el padre, por la fuerza, pretende obligarlo a que represente la escena que ya ocurrió y que seguirá ocurriendo. Un asesinato. Entonces alguien muere y el director, estupefacto, queda con los sentidos inmovilizados, mientras los actores se dividen en dos grupos: los que creen que es un truco y los que creen que es verdad.


II
Hay varias ideas filosóficas en la obra de Pirandello. Una de las que primero se me antoja es la del eterno retorno nietzscheano que se ve expresada en la voz del padre, quien es el que más insiste en la idea de que ellos están condenados a vivir lo mismo una y otra vez. Ingenuamente cree que eso le otorga más realidad que a aquellos quienes pueden trocar su vida por otra, como sucede con un actor cualquiera. Hagan sus apuestas.

Otra idea interesante que expresa Pirandello es la de la realidad. El tránsito que hacen los personajes de la ficción a la realidad es genial, y hay varios sutiles momentos donde se expresa esto, en especial cuando se menciona que el escenario "es un lugar donde se juega a hacer las cosas de verdad". Esto recuerda que cada uno es su propio drama, actor de su propia obra, como quería Wilde. Pirandello lo logra, pero su devaneo entre escenas vívidas y valiosas y pasajes netamente eruditos y reflexivos hacen que la obra pierda por momentos la verosimilitud. Sin embargo mi apuesta personal es que vale la pena llevarla al teatro, con todas las dificultades que implica como, por ejemplo, la escenografía, o la constante e importante distinción personaje-actor

Ahora, me atrevería a decir que las ideas de Pirandello influyeron mucho en el cine. Esa fijación, por ejemplo, de Woody Allen por hacer que sus actores miraran a la cámara en varios de sus filmes son los que recuerda esta obra, adelantada, por demás, a su tiempo. Quizá la película que se me antoja que mejor retrata algo similar es Stranger than fiction, protagonizada por Will Ferrel, un hombre  promedio que sin darse cuenta es un personaje de novela. No obstante, hay algo interesante en Pirandello y que esa película no muestra. Mientras ésta última pretende mostrar la vida de un hombre aparentemente normal, que por algún extraño artificio empieza a escuchar la voz de su creador -centrando el drama en este preciso instante-, la obra de Pirandello posee, además, la genialidad de mostrar la fatalidad de una obra que por sí misma valía la pena. Quizá la historia del padrastro que acude a las prostitutas para encontrar a su hijastra allí es demasiado melodramática en nuestros días, pero como argumento vale bastante. Además de la escena del asesinato con que concluye la obra es sencillamente indescriptible. Y también la habilidad del autor para cubrir todo ese drama de una comedia en escenas que realmente harían reír. 

Para finalizar, creo que la crítica a la que alude Pirandello en el prólogo que escribió a la obra, a saber, que ponía sus propias preocupaciones morales en boca del padre era un molesto error; si bien esto es cierto -el propio Pirandello lo reconoce-, su defensa es válida en tanto argumenta lo que pone en boca de su personaje, y es que éstos adquieren independencia de sus creadores. El problema es que usa argumentos venidos de la crítica literaria (recuérdese a Bajtin sobre la libertad ideológica de los personajes dostoievskanos) en lenguaje de crítico literario. Y aunque sea vano discutirle a un artista por qué usó los materiales y elementos que usó, es válido, para este caso, plantearse la pregunta de si ideas tan complejas como las que pretende mostrar el autor italiano deben decirse o si, más bien, deben indicarse, insinuarse...



Bibliografía.
Pirandello, L (1992) Seis personajes en busca de autor. Ediciones Cátedra. Madrid.