Los que no soportan más se van
“Cómo se encadenan el mérito y la gloria
jamás se les ocurre a los
necios; si
tuviesen ellos la piedra filosofal,
no habría filósofo para la
piedra”.
Fausto. Goethe
Si partimos del hecho que
refleja la imposibilidad de entender a Werther en tanto que ninguno de nosotros
se suicidó, arrancamos con una dificultad esencial. Acaso se requiera de una
sutileza y un tacto para tratar estos temas con delicadeza, sin caer en
tecnicismos que difícilmente dejan espacio para los sentimientos. Ahora bien,
es verdad que este ha de ser un ensayo técnico donde yo muestre mi pericia a la
hora de hablar de los tópicos fundamentales del romanticismo en la literatura y
en especial la maestría con que Goethe, con su alter ego Werther[1],
muestra estos temas. ¿Qué se puede hacer ahí? Pues lo que hace un ensayo serio
y maduro: plantear una pregunta, problematizarla si hace falta (esto es exigir
conceptos; trabajo de filósofo) y desarrollarla con las herramientas que se
tengan a mano. Mi pregunta, si es que cabe hacerla, será buscar la causa del
suicidio de Werther, así: ¿Cuáles son los motivos que llevan a Werther al
suicidio? Y para no perderme por el camino, asumo dos hipótesis como
verdaderas, dejando de lado muchas más cosas: la primera es que se suicida por
no poseer a Carlota y todos los sufrimientos que ello acarrea; la segunda es
que Werther se suicida por inseguridad, y el hecho de no poseer a Carlota
funciona como un detonante, como la gota que rebosa la copa y lo lleva a su
destino. Aunque es una pregunta demasiado complicada y no ignoro que me expongo
a muchas críticas, ¿qué puede hacerse sin exponerse? Difícilmente puede uno
alcanzar algo sin cierto grado de peligro, y ya que esto no es tan grave, podré
arriesgarme y patinar con facilidad. Los elementos que yo quiero tomar para
resolver esto son fragmentos del libro, que me podrán ayudar a esclarecer mi
tema.
Werther, un hombre incomprensible para sí mismo, capaz de entender al
mundo e incapaz de ser comprendido por el mismo. Werther, un hombre como
cualquiera y sin embargo, tan distinto a todo lo que la tierra ha visto;
Werther, un hombre incomparablemente superior, con una pasión y un ardor en el
corazón que lo impiden detenerse ante sus sentimientos, sus impulsos. Es esto
lo que lo hace diferente, pues la mayoría de los hombres saben sus pasiones y
las contienen en virtud de que están dominados por una moral, moral que marca
sus acciones en vista de actuar de buena o mala manera. Así las cosas, guardan
sus pasiones cuando son “malas”, las ocultan, mientras que Werther no tiene
ningún problema en mostrarse tal y como es. Lo único que oculta es su dolor, y
lo oculta a la persona que se lo causa, por no hacerle daño, pero no es un
mártir. Dice Nietzsche que “cuando
amamos, deseamos que nuestras faltas queden ocultas, pero no por vanidad, sino
para no hacer sufrir al amado. En realidad, al amante le gustaría parecer
divino, y ello tampoco por vanidad”[2],
y quizá este es Werther. Toda su vanidad y egocentrismo se ven desdibujados en
presencia de Carlota, en quien se ve totalmente empequeñecido, y su vanidad
radica en agradar a ella, su vanidad radica en no hacer nada que la incomode,
en no hacerla sufrir, en ser agradable con ella, en ese parecer divino del que
habla Nietzsche.
¿Qué será lo que ve Werther en Carlota? Una ilusión. Pero una ilusión
que está condenada a no realizarse, y no solamente porque ella esté
comprometida y luego vaya a casarse, sino por la misma naturaleza intempestiva
de Werther. No se trata de que Carlota no pueda ser suya, se trata de que él no
puede entregarse a sus pasiones por las razones ya mencionadas, o sea, no quiere
ofenderla, no quiere desagradarle, y siempre está dudando de que ella sienta lo
mismo por él, pues de saberlo, echaría todo al diablo y se abalanzaría sobre
ella, la tomaría en sus brazos y la colmaría de besos (palabras del propio
Werther). Pero no puede estar seguro de que ella, aun estando comprometida,
sienta esa pasión que siente él. Entonces puede preguntarse ¿la duda, la inseguridad, son precisamente por Carlota, o
son sólo un signo de la inseguridad del propio Werther, que no puede confiar en
sus instintos?
“¡Ah!, el hombre
es tan versátil por naturaleza, que, aun donde tenga seguridad de ser apreciado
en algo, aun allí donde pueda dejar un recuerdo profundo de su existencia o de
su paso en la memoria y en el alma de los que le son queridos, aun allí debe
extinguirse y desaparecer; y esto, ¡ay!, demasiado pronto.” ¿Qué se refleja acá?, que Werther
está inseguro, se pregunta muchas cosas, cuestiona a Dios para encontrar
respuesta, pero se rinde fácilmente, sabe que Dios no va a responderle nada, lo
sabe de antemano. Le pide tranquilidad, pero sabe que con Dios no puede contar,
Él no va a entregarle nada de su propia mano. Dice dos cosas al respecto, así: “Me
separé de ella y... ¡Dios mío!, tú que ves mis sufrimientos, debes ponerles
fin.”, y esto
otro: “Y Yo me aburro con mi
superioridad y mis conocimientos. Tú, señor, que me has dado estos bienes, ¿por
qué no me negaste la mitad de ellos concediéndome, en cambio, la confianza y
satisfacción en mí mismo?” se pregunta a sí mismo Werther. Se siente
entonces solo, incapaz de confiar en sí mismo, y dice que “la soledad es lo más
pernicioso”, de tal suerte que estas cosas lo llevan a no tener un piso firme
el cual pisar. Esto a excepción de la naturaleza, que es quizá el único suelo
que es capaz de pisar con tranquilidad y confianza.
¿De dónde provienen las
inseguridades de Werther? Como ven, yo de antemano descarté la posibilidad de
que se suicide por Carlota únicamente, y lo he hecho así precisamente porque de
ese modo me lo indica el libro. El padecimiento que pretende mostrarnos Goethe
parte de la ardorosa manera de ser de él mismo (es decir de Werther), y Carlota
funciona como una excusa en este caso. Entonces, las inseguridades de Werther
sobre sí mismo y sobre el mundo son fundadas en Dios: es él el culpable del
dolor de Werther, y lo es porque no sólo le ha negado a Carlota, sino porque no
le ha dado las herramientas para proporcionarse a sí mismo la felicidad y el
sosiego tan anhelados, ni para acceder a Carlota, que sería el último grado de
felicidad.
“¡Ah! ¿Por qué no
soy uno de esos maniquíes que se amoldan a todo, a todo, menos a sí mismos?
Entonces, al menos, el insoportable fondo de mi desolación no pesaría sobre mí
más que a medias. Por desgracia, comprendo que la culpa es únicamente mía. ¡La
culpa!”. Esto
sólo nos refleja varios elementos que hacen la vida de Werther pesada: culpa,
que se ve reflejado en el anterior pasaje; el conocimiento del dolor de la
existencia que lo encontramos en esto siguiente: “Sólo Dios sabe
cuántas veces me he dormido con el deseo y la esperanza de no despertar jamás.
Y al día siguiente abro los ojos, vuelvo a ver la luz del sol y siento de nuevo
el peso de mi existencia”.
Werther está inseguro, sí, pero hay un culpable a parte de él mismo y es Dios.
Todo esto es con relación a Werther y sus pensamientos, el monólogo
que se refleja durante todo el diario. Pero si vamos más allá, traigo a
colación a Camus y su mito de Sísifo. En ese libro, Camus inicia afirmando que
la única pregunta que debe hacer la filosofía consiste en el sentido de la
vida. Su argumento: hay hombres como Galileo que no están dispuestos a morir
por sus ideas, ni siquiera cuando las consideran como la verdad, a no ser que
esas ideas otorguen un sentido a la vida y, en consecuencia, sean válidas para
darle sentido a la muerte.
Es decir, el sentido de la vida opera en ambos sentidos: por un lado,
lo que otorga las ganas de vivir, y eso mismo, si faltara, entonces otorgaría
automáticamente el sentido de morir. ¿Para qué vivir si no tienes a Carlota?,
podría ser una pregunta digna de formular a Werther. Pero si llevamos el
argumento más lejos, podríamos preguntar así: ¿Tiene sentido la vida sin Carlota? Porque una cosa son los padecimientos,
que en cierto modo terminan siendo soportables, aun en condiciones difíciles,
pero ¿es necesario vivir padeciendo?
Es esta la pregunta que hace Nietzsche y he aquí el dilema fundamental.
Tampoco puede decirse que Werther le huya al dolor, y que su suicidio
sea sólo una salida cobarde. En primer lugar no es cobarde, y tampoco se está
distanciando mucho de su dolor en tanto que sabe que, de uno u otro modo, al
matarse hará daño a su amada. Basta con leer la carta de despedida donde
expresa esa “unión eterna” que no se destruirá jamás (refiriéndose al único
beso que pudo darle), y su muerte asegura esa imposibilidad. ¿Qué es el
suicidio en Werther?, ¿Por qué decide suicidarse?, ¿por qué no puede llevar la
carga que ha venido llevando? ¿Qué cosas pasan por su mente? ¿Es un acto
desesperado de desamor? Y cuando hacemos estas preguntas –que, en rigor, son
una sola pregunta vista desde infinidad de opciones- es cuando se entiende la
afirmación de que “no entendimos a Werther si no nos suicidamos”.
Por lo anterior, es que
mi argumento es que Werther padece un dolor que lo llamo inseguridad. La única
seguridad que tiene son sus sentimientos, llegando a afirmar su seguridad así: “Hay ocasiones en que no comprendo cómo
puede amar a otro hombre, cómo se atreve a amar a otro hombre, cuando yo la amo
con un amor tan perfecto, tan profundo, tan inmenso; cuando no conozco más que
a ella, ni veo más que a ella, ni pienso más que a ella”. Así habla su
seguridad, pero su inseguridad habla así: “Es cosa de arañarse y romperse
la cabeza considerar lo poco que valemos unos para otros. ¡Ay de mí! Nadie me
dará el amor, la alegría, el goce de las felicidades que no siento dentro de
mí. Y aunque no tuviera el alma llena de la más dulces sensaciones, no sabría
hacer dichoso a quien en la suya careciese de todo.”
Efectivamente, y como se afirmó al inicio del texto, es muy difícil
hablar de estos temas cuando se tratan “por encima”, con objetividades que
difícilmente podrían acercarse a la realidad; en este caso, difícilmente podrá
uno acercarse al corazón de las personas. Pero obviando esto para este trabajo,
partiré del hecho de que un suicida nunca lo es por “otro”. Es decir, cuando
alguien se suicida (o piensa en suicidarse) es porque ya no encuentra nada que
lo ate al mundo, y quizá sea por eso el suicidio un paso a la libertad, o la acción más libre que pueda realizarse.
Para Werther funciona igual: su muerte no es causada por Carlota, y él, como
buen amante, sería incapaz de culparla a ella. Si leemos con atención, él se
atreve a culpar cualquier cosa y cualquier persona de sus sufrimientos (como
por ejemplo a Dios, que termina siendo el único responsable de su dolor), pero
nunca la culparía a ella, no podría verla como la causa de sus males, o al
menos no en un sentido negativo. Sabe que ella es la causa de su dolor por no
tenerla, por ausencia, pero no por ella misma, no porque ella le haga daño:
¡precisamente lo que le hace daño es no tenerla!
“¿Por qué no he de
confesar mi angustia en este momento en que mi ser tiembla y fluctúa entre la
vida y la muerte, en que el pasado se proyecta como un relámpago en el sombrío
abismo del porvenir, en que todo lo que me rodea se desploma y en que el mundo
parece acabarse conmigo?”
Acá está el peso de la afirmación de la angustia que siente Werther, y el hecho
de que haya angustia refleja una postura más para concebir el mundo aparte de
las que se han mencionado hasta ahora, a saber: “Suelo decirme a mí mismo: Tu destino no tiene igual: comparados
contigo, los demás hombres son felices; porque jamás mortal alguno se vio
atormentado como tú. Entonces leo a cualquier poeta antiguo y me parece que es
el libro mi propio corazón. ¡Qué! ¿Aún me queda tanto que sufrir? ¿Y antes que
yo ha habido hombres tan desgraciados?”, o sea, su condición de romántico
en cuanto a que es él el único que sufre y sufre como lo hacen los grandes
hombres, mientras que los hombres “normales” se contentan y llegan a la
felicidad, tan inaccesible para los románticos, tan inaprehensible para
Werther.
La felicidad se le esquiva, ¿pero es la ausencia de Carlota la que
hace que se suicide? Esa carencia, esa falta de posesión del ser amado será
como mucho, para este caso, el detonante
de la acción. Incluso la psicología
afirma que un suicida no se vuelve suicida,
sino que nace con esa tendencia. Nuestro
héroe es muy sensible para la insensibilidad del mundo o bien, como los
románticos, el mundo no lo comprende y eso le causa dolor. Pero no puede
decirse que sea por Carlota que Werther se suicida, incluso este último no lo
permitiría así. Si se presta atención, se puede encontrar en Werther que sus
sufrimientos vienen de la incomprensión de todo: no comprende porque él no
puede estar con Carlota, como tampoco puede comprender porque ella está
enamorada de otro, y este otro, siendo bueno, no la merece a juicio del propio
Werther. Eso es quizá lo que más rabia le da: que su contrincante es un buen
hombre, incluso lo considera mejor que él mismo. Y de la incomprensión de todo
esto, añadiéndose el hecho de que cuestiona a dios por qué ha dispuesto las
cosas así y no de otro modo, otro donde él pueda ser feliz, como lo son los
demás (que tampoco comprende porque son felices), con todas estas preguntas, yo
sospecho que lo que hay acá es una inseguridad, y una muy fuerte. Hay un
sentirse solo, y se pregunta a sí mismo ¿por qué sufro si soy tan bueno?
El único capaz de
escuchar es Guillermo, el único que escucha con atención cada movimiento. Pero
para Werther no hay nada que le ofrezca seguridad y por eso se arroja al suicidio:
“¡Dios
mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? ¿Y ha de darme vergüenza esta
exclamación? ¿Y he de temer que llegue el momento en que se escape de mi boca,
cuando se escapó de la vida de aquel que, hijo de los cielos, se ha envuelto en
ellos como un sudario?”
No es sólo Carlota, es que ya no queda nada acá que
le pertenezca. Y su angustia se debe precisamente al hecho de que ya no le ve
sentido a la vida, ya no es necesario vivir padeciendo. Ni carlota estará con
él, ni Dios lo hará más feliz (de uno u otro modo la única deuda que dios tiene
con él es no haberlo hecho capaz de entregarse a la felicidad fácilmente), ni
tiene nada por lo cual luchar. Werther está perdido, inseguro, y si se quiere,
atrapado. El suicidio es una salida, pero como toda salida, es también una entrada:
por esa puerta accede, sino a la felicidad, al menos al final de su
padecimiento, que podríamos interpretarlo como su tranquilidad y sosiego. La
pregunta que queda por contestar es si el suicidio puede considerarse como un
intento de proporcionarse a sí mismo seguridad, si es una afirmación de la
existencia, o de si es una respuesta contra Dios. No obstante, antes del
suicidio hay angustia; después de él, la libertad y la tranquilidad. En última
instancia, Werther no soportó más y partió…
“¿Por qué me despiertas, soplo
embalsamado de la primavera? Tú me acaricias y me dices: Traigo conmigo el
rocío del cielo; pero pronto estaré marchito, porque pronto vendrá la tempestad
que arrebatará mis hojas. Mañana llegará el viajero; vendrá el que me ha conocido
en toda mi belleza; su vista me buscará en torno suyo, me buscará y no me
encontrará”.
[1] Lo
llamo su alter ego precisamente por el parecido que tiene con el propio Goethe,
al punto de que no podemos definir quién es Werther y quién es Goethe. Digo
esto a partir de lo mencionado en clase sobre el héroe romántico: el
protagonista es una auto-proyección del autor.
[2] La
gaya ciencia. Frederick Nietzsche
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