jueves, 12 de abril de 2012


Análisis del Los hermanos Karamázov de Dostoievski

Quien se acerca a la literatura de Dostoievski puede ver que él es maestro en psicología –y muchas veces psicopatología– y no está equivocado en este juicio. Nietzsche, por ejemplo, asegura ver en Dostoievski un psicólogo (además de ser el único psicólogo del cual se podía aprender algo, según el filósofo alemán en el ocaso de los ídolos), un perfecto hombre que sabe mostrar las conductas humanas a la perfección y enlazarlas con el tema moral, que es la cuestión de fondo del autor. 

Su obra, Los hermanos Karamázov, no escapa a este tema, como tampoco escapa al desarrollo psicológico de los personajes por separado. El centro del libro, la familia Karamázov y su padre. Las dos esposas del padre no tienen peso acá; puesto que el señor es un lascivo que no respetó las reglas básicas del matrimonio, sus dos esposas le abandonaron, la primera por otro hombre, y la segunda por una enfermedad. ¿Temas del libro? Bueno, esto ya es distinto. Puede uno decir diez mil cosas sobre el libro, sobre Dostoievski; incluso pueden sacarse estudios interpretativos enteros de pasajes claves como “un arma de dos filos” o “el gran inquisidor” (que tanta polémica puede despertar). Pero el tema de fondo es uno disfrazado –dividido– en dos temas: moral y Dios. A la final, si uno se pregunta de manera sensata ¿qué quiere decir Dostoievski con este libro tan grande? puede uno responder que es un intento por responder a una pregunta que sería más o menos así: ¿cómo puede el hombre dejar de justificar su moral en Dios y pasar de ser su propio ente regulador? Y esta pregunta, es la clave de lectura del libro.

¿Cuál es la enseñanza del libro? El mismo Dostoievski dice que no sabe si podrá demostrar que vale la pena leer el libro. “Para mí, Alexéi Fiodorovich es un hombre notable, pero dudo decididamente que logre mostrarlo al lector” (P. 69). Alexéi es el héroe, un héroe raro, tímido, callado, sin acción (el menor de los hermanos). El héroe de Dostoievski, es decir, un hombre común y corriente. A Alexéi también le aplica la definición que da Dostoievski de realista: “No son los milagros los que inclinan al realista hacia la fe. El verdadero realista, si no es un creyente, siempre encontrará en sí fuerza y capacidad para no creer ni en el milagro, y si éste se presenta como un hecho incontestable, el incrédulo preferirá no creer a sus sentidos que admitir el hecho. (…) En el realista la fe no nace del milagro, sino el milagro nace de la fe” (P. 100). Así pues, con la clave de lectura y con Alexéi como héroe, ¿qué son sus hermanos?, ¿qué representa su padre?, ¿qué representa el padre Zosima? Estas preguntas fundamentales, son complicadísimas de contestar dada la extensión del libro, pero seamos breves. 

Dmitri Karamázov, el mayor de los hermanos, el acusado al final del libro de ser un parricida, un tipo extraño, incontinente con sus pasiones, haría lo que fuera por su amor, Grushenka, y en ese “haría lo que fuera”, por supuesto que se incluye el acto de homicidio. Iván Karamázov es algo así como el intelectual ateo tan temido por la modernidad. Un tipo con una inteligencia que supera al promedio, con una innata habilidad para el estudio y el cientificismo, lo que lo convierte automáticamente en un ateo (a ojos creyentes). En el libro, creó el poema titulado “El gran inquisidor”, que es todo un capítulo del libro llevado a cabo con maestría sobre la moral y la libertad como los últimos fines de la existencia humana. En suma, el hombre libre no sabe qué hacer con su libertad, y por eso la entrega. Así habla el gran inquisidor, un buen tipo y pedagogo, hijo de las extrañas peripecias intelectuales de Iván Karamázov.

Fiódor Pávlovich Karamázov. El que yo me ponga a definirlo es innecesario e injusto, lo hace mejor Dostoievski ya que, en pocas palabras, da una vaga idea que termina por no ser tan vaga al inicio del primer capítulo del libro, y lo define así: “era el tipo de hombre no sólo ruin y disoluto, sino, a la vez, torpe, aunque de aquellos torpes que saben componer a las mil maravillas sus asuntos de intereses y, únicamente, al parecer, tales asuntos (…)la mayoría de estos insensatos son bastante inteligentes y astutos (P. 75). Luego dice Dostoievski que don Fiódor es lo que llamamos actualmente un “vivo”, un “abeja”, que saca tajadas de los negocios con malas artes (esto último sí es dicho por el ruso).
El padre Zosima: Esta es la hora en que no explico por qué tuvo el padre toda una sección del libro (más específicamente todo el libro sexto) para hacer campaña electoral sobre los temas de moral. Es una sección del libro que, a decir verdad, si uno se la salta, no pasa nada en la historia. Pero la enseñanza que deja Dostoievski ahí sobre una humanidad mejor no son nada desdeñables y, solo por eso, vale la pena leer el libro sexto. Aunque allí no encontrarán nada de los Karamázov, sino una construcción moral muy educativa para la vida.

Estos, que son los personajes principales, giran en torno a Alexéi. Dios, es un fundamento de la moral, pero también es puesto en entredicho por ese mundo terrible y alejado de Dios representado por sus hermanos y su padre. Así le habla Iván al pequeño Alexéi: “…creo en el orden, en el sentido de la vida; creo en la armonía eterna (…) en el Verbo que está en Dios y que es Dios mismo, etcétera, y así sucesivamente hasta el infinito (…). Sin embargo, figúrate que en el resultado final no admito este mundo de Dios, y aunque sé que existe, no lo acepto de ningún modo. Entiéndeme, no es a Dios a quien rechazo, sino al mundo, al mundo creado por Él (P. 384). Asimismo, su padre, con un argumento más ridículo que pensado, dice que en el infierno hay ganchos en el techo para hacer sufrir a los pecadores por toda la eternidad, o al menos así lo pretende la iglesia, y suelta lo siguiente: “Bueno, si no hay techo no hay ganchos, todo el mundo se escabulle y otra vez resulta increíble: ¿quién va a arrastrarme, entonces, con ganchos? Porque si no me arrastran a mí, ¿qué pasaría?, ¿dónde estaría la justicia en el mundo? Ilfaudrait les inventer…” (P. 99). Y Dmitri, es simplemente un incontinente que cree en Dios pero que no sabe cómo actuar de manera correcta y sólo sigue su impulso momentáneo (así sea que su impulso le indique que debe matar a su padre).

Para contrarrestar todo este efecto negativo de Dios, está el padre Zosima y el monasterio, que ejercen en Alexéi el respeto por la divinidad. No obstante, cuando el padre muere, Alexéi siente que murió su fe en Dios, comienza a darse cuenta que ha negado la existencia del ser supremo mucho más de lo que creía y afirma “acepto a Dios pero no acepto su mundo” sumándose al argumento de su hermano Iván.

Acepto a Dios pero no acepto su mundo
Esta afirmación es hecha por Iván, pero retomada por Alexéi el día del funeral del padre. ¿Qué puede significar esta no aceptación del mundo? Puede ser un intento por autodeterminar al hombre como sujeto frente al mundo. Pero ciertamente en quien se refleja esto con mayor fuerza es en Iván, quien en una discusión consigo mismo (literalmente con un alter ego que es representado por una especie de demonio) sostiene esto, o más bien, el demonio dice esto: “Je pense, donc je suis, esto lo sé yo a ciencia cierta; en cambio, todo lo demás, todo cuanto me rodea, todos esos mundos, Dios y hasta el propio Satanás, todo ello para mí está sin demostrar, no está demostrado si existe en sí o si es tan sólo emanación mía, un desarrollo progresivo de mi yo, con existencia eterna y única…” (P. 932). Aunque claro, la preocupación es general. Cada personaje refleja esta cierta inseguridad en distintos modos. Incluso el padre Zosima, al momento de hacer sus confesiones a lo Agustín, reconoció no reconocer a Dios en un principio. Luego de esto Alexéi termina por asumir la misma postura y, efectivamente, no reconoce a Dios. Termina por tomar una postura similar a la de su hermano Iván, es decir, un tipo de sumisión sobre Dios como sujeto pero definitivamente una negación del mundo que Él ha creado para los humanos. Aquí hay una distancia abismal. Distancia que no se salva de ningún modo y, por lo tanto, termina en un salto en virtud del absurdo a modo kierkegaardiano, un salto para creerle a Dios o no saltar y dejar de creerle a Él y a su mundo.

La advertencia previa de Dostoievski es precisa. Alexéi es en quien se juega todo el drama, todo el dilema moral, es a la luz de este héroe que se puede iluminar el libro y desplegar todo el tema moral en cuanto al hombre con Dios y el hombre sin Dios, pues éste es precisamente el tránsito por el cual pasa este personaje, pasa de creer a dudar, pasa de la firmeza a la certidumbre. Todo lo sólido se desvanece en el aire, se le puede aplicar a Alexéi. Y entonces si no encuentra a Dios, ¿cómo determinar las acciones?, ¿bajo qué criterio? He aquí el quid del asunto.

Por otra parte, su hermano Dmitri termina por ir a la cárcel en virtud de que es el culpable más obvio del asesinato de Fiódor Pávlovich, pero Dmitri es inocente. Simplemente es víctima, no de la justicia, sino de las circunstancias (en lenguaje Kafkiano, tuvo su proceso). Y no por ello deja de ser injusto el que él vaya a la cárcel. ¿Cómo aceptar un mundo así? Dmitri acepta la pena en virtud de que se siente un hombre renovado, algo así como un Raskolnikoff, pero Alexéi, ¿por qué habría de aceptar esto? Él es el héroe, y como tal esa sumisión no cabe así como así. Bajtín dirá que “el héroe posee una autoridad ideológica y es independiente, se percibe como autor de una concepción ideológica propia y no como objeto de la visión artística de Dostoievski” (M. Bajtín. P. 13). Así, Alexéi se somete al hecho que su hermano está en la cárcel, pero él cree firmemente en la inocencia de éste. En este “creer en su inocencia” estriba la fuerza del argumento bajtiniano que permite decir que el héroe dostoievskiano no se somete a ninguna ideología (y para ser precisos, en este caso, a ninguna creencia). Por eso Alexéi es el héroe sin que sea él quien tenga más acción en la obra. Es en él en quien gira el drama moral.

Ahora bien, lo que llama Dostoievski en uno de los capítulos finales del libro titulado “un error judicial” que es donde condenan a Dmitri Karamázov por delito de parricio (delito que no cometió aunque tuviera toda la intención de hacerlo) parece ser el proceso kafkiano. Una acusación falsa y un tribunal verdadero. El proceso que se lleva contra Mitia (otra manera de llamar a Dmitri) no es tan injusto como el que se lleva a cabo contra José K…, pero a ambos se les puede aplicar lo siguiente: “la justicia nada quiere de ti; te toma cuando vienes y te deja cuando te vas”. Así pues, la justicia no está en el mundo, está en los hombres, y si es así, ¿para qué pedirle a Dios justicia?, ¿para qué pedirle cambios de la humanidad? Y todo esto se puede expresarcon relación a la libertad, a esa libertad que no posee el humano porque no sabe qué hacer con ella, porque la liberalidad se consume a sí misma. 

¿Pero qué puede significar una condena injusta y, en cierto sentido, una impotencia para con el mundo? Que no lo acepto. Alexéi, Iván, Dmitri, hasta su propio padre, Fiódor, no aceptan el mundo que Dios hizo sino que ellos intentan hacerlo a su modo. Fiódor Pávlovich desde el hedonismo y una sensualidad que raya con el patetismo; Dmitri desde la incontinencia aristotélica (abusa demasiado de sus impulsos y parece no razonar absolutamente nada); Iván representa la intelectualidad y la construcción de un mundo mejor desde principios razonables en función de un tipo de utilitarismo y Alexéi debe enfrentarse a todo este mundo disociado y ajeno entre sí, que vive tan cerca y no se comprende, y no se entiende. En una palabra, el libro es un pequeño universo que deja una única moraleja grande y muchas moralejas pequeñas. La moraleja grande es ésta: se hace necesario un cambio moral radical. De nada sirve que los humanos entreguen su moral a Dios y se queden con la razón, porque eso desencadenará en consecuencias nefastas para toda la humanidad. Hay que hablar de un cambio en la sociedad que sólo puede darse a través de un cambio moral. El problema sigue siendo el mismo: “…pues, sin Dios, ¿cómo puede existir el crimen?” (Dostoievski. P. 492) Es decir, ¿cómo incitar un cambio en la conducta humana sin tener que recurrir al crimen, al castigo? Eso está mejor plasmado en la obra del ruso que lleva el mismo nombre, Crimen y castigo, donde el castigo no es precisamente una pena (que finalmente si debe pagar) sino un dolor moral. ¿Cómo lograr estos cambios en la conducta? Quizá por esta preocupación se hizo Dostoievski psicólogo, a fuerza de resolver estos temas. Y en los hermanos, la preocupación es la misma. No importa si Dios existe o no existe, el asunto es mejorar el mundo, salvarlo de la miseria, el egoísmo y un montón de vicios similares. ¿Cómo lograrlo?, ¿cómo responde Dostoievski a este interrogante propuesto en los hermanos y en general en toda su obra? No lo dice explícitamente en esta obra, es cierto, pero puede intuirse, y la respuesta del ruso, la síntesis de todo su pensamiento es esta: la belleza salvará al mundo.
Bibliografía
  • Dostoievski, M. (2008). Los hermanos Karamázov. Madrid: Letras Universales
  • Bajtín, M (2003). Problemas de la poética de Dostoievski. Ciudad de México: Fondo de cultura económica.
  • Kafka, F. (1976). El proceso. Buenos Aires: Losada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario