Con un poco de Grog
pántôn de basileýs
kai tous men theous edeixe tous de anthrốpous;
tous men doulous epoíese toús de elethérous
[El pólemos, la guerra, es el padre de todas las cosas.
el rey de todas las cosas
de ciertas cosas establece -o prueba- que
son dioses, de otras que son hombres;
de algunas hace esclavos, de otras seres libres]
Heráclito de Éfeso
La
intencionalidad del presente texto no
es, ni mucho menos, responder una
pregunta. Acaso partimos de aceptar la siguiente premisa: el arte es una
embriaguez. El gozo, la angustia, la pasión, incluso la sanación que viene de
la mano con el arte es parte de esa embriaguez. Más allá de la discusión
conceptual y teórica, el arte escapa a toda definición: nos acercamos por medio
de una epojé y, no obstante, no
llegamos hasta donde queremos. “El
logos es general, pero los hombres viven como si tuvieran cada uno su logos
particular” sostenía el gran Heráclito: ¿el arte cabe en ese aforismo? – ¿acaso
se ha entendido alguna vez a Heráclito? ¿Se ha entendido el arte? ¿Hay algo que entender en el arte, que va más
allá de la obra misma…? –.
I
Jamás
seremos lo suficientemente delicados para disertar sobre el arte; jamás
trataremos con la suficiente finura
la pregunta por el arte, cualquiera que ella sea. Esto tiene un buen
fundamento. Nuestro lenguaje (entendiendo por ello palabras…) no llega a aproximarse a la verdad, a la realidad, ni
siquiera por medio de él somos capaces de figurarnos
una idea certera del mundo. Esto lo expresa muy bien el texto Arte y poesía de Martín Heidegger, pues
se ve de qué modo el lenguaje se reviente, no alcanza, y entonces Heidegger pregunta por la cosa de la cosa, el
útil de lo útil, lo obra de la obra, por su esencia, por su origen, y por una
cantidad de conceptos que él mismo toma por incompletos,
por inapropiados (sin discutir su verdad, su falsedad; parece que poseen
los conceptos esa verosimilitud que maneja el arte, el mundo, la vida…). En repetidas ocasiones sostiene Heidegger
que nos expresamos de manera tosca, vulgar…Además de la dificultad de la
traducción, donde expresiones como cosidad,
cósico, son neologismos de los cuales podemos decir que, en rigor, son
inexistentes.
II
“El pensamientos es una especie de
suicidio de la realidad, constantemente se está lanzando al vacío de la
interpretación”. Frase de Albert
Camus que se encuentra en su Mito de
Sísifo. A mí me parece (y acá empiezo a interpretar) que tiene razón el
filósofo francés con esa sentencia tan estricta. Ahora bien, nos parece que no
es mala esa interpretación. Acaso
estamos impulsados a ella, así como estamos arrojados
al mundo y a re-interpretarlo, a darle sentido. La obra de arte es mitad
cosa, mitad útil, según Heidegger. Yo dividiría en tres la obra de arte: una
parte útil, una parte cosa, y una parte interpretación.
Así es puesto que sería injusto escindir de la obra del arte a su creador y a
su interpretador.
Roland
Barthes tenía una posición al respecto. Cuando el autor muere (y cambiamos la
palabra autor por artista) la intención de quien crea desaparece…En esa medida, podemos interpretar independientemente de lo que el artista quiso decir. Además que nos enfrentamos en la dificultad de no
saber qué quiso decir el artista: esto se debe a que cuando el arte se explica
pierde su encanto. La verdad, en
términos heideggerianos, ya no aparece.
Ya no se desoculta y, en esa medida, no aparece la verdad de la obra de arte.
III
Como
se ve, hay una intencionalidad que consiste en interpretar a Heidegger. Ahora
bien, siendo poperianos, no podemos interpretar objetivamente en tanto estamos sumidos en una realidad temporal, en
una época histórica determinada y con una ideología marcada. No obstante, se
sabe que el arte no puede analizarse a sí…pero ¿quién analiza el arte? Más bien Heidegger está escribiendo poesía. La
belleza de sus palabras podría ser precisamente artística, pero en su afán de
entender y asistir a la fiesta del pensamiento entonces usa conceptos. No nos interesa la verdad de
esos conceptos, pues al fin de cuentas, todos vienen del humano. Tampoco nos interesan las teorías, pues todas pueden tener verosimilitud, facticidad,
posibilidad, etc. Así pues, el arte mismo debería tener tales características
en cuanto son posibles. Mas como no es propiamente teórico, el arte posee algo más, a saber: embriaguez.
Todo
filósofo ha inventado un lenguaje y unos conceptos. El mismo texto de arte y
poesía comienza con un “entendemos aquí, por origen…”. En el aquí estriba la fuerza del argumento que
se desarrolla. Así pues, la embriaguez es aquí
un estado de exaltación. La embriaguez es exaltación en cualquier lado, de
hecho. Ahora bien, no debe tomarse la embriaguez por borrachera, o por risa
burlona, por felicidad, por lagrimeo simplón. En suma, no debe tomarse al
embriagado por un simple borracho… ¿Se
preguntará cuál es la diferencia? Ya la he dado: el borracho es un sujeto y la
borrachera el estado propio del sujeto, su esencia;
la embriaguez es un estado. No se oye decir
“está embriagado”, sino “está en estado de
embriaguez”. Se debe a que el borracho lo es por alcohol, por vicio, pero la
embriaguez, ¿a qué se debe? Repito: esto aplica únicamente acá, en este pedazo de papel y en este preciso instante.
El
poeta Charles Baudelaire comprendió a la perfección esto, y como la poesía no
se explica (ni el arte en general), entonces yo tampoco lo haré. Pero él lo
dijo así en su poema embriaguez:
“Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso:
ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso
del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace
inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca”.
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca”.
En el poema se
menciona al tiempo. Estamos atrapados
en él, aunque estemos arrojados al mundo. Somos un ente que posee una verdad en
el tiempo; cuando salimos de él es porque hemos muerto, porque nuestra finitud
ha hecho que seamos completos, así no tengamos conciencia de ello. El arte sirve para tomar conciencia de nuestra
finitud.
En
última instancia, no seremos lo suficientemente finos y delicados para tratar estas cuestiones. Esta es una
reflexión que hago a partir del texto de Heidegger y otras cosas…Interpreto el
arte desde la realidad, pues el arte, aunque posee su más allá, siempre viene a
la realidad, a la propia realidad. El arte es, en lenguaje husserliano, una vivencia. Pertenece al mundo de la vida. Creo que cuando
Estanislao Zuleta dice que tenemos necesidad del arte, como un impulso vital,
está diciendo que esa necesidad es precisamente el arrojo al mundo.
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