jueves, 12 de abril de 2012


Reflexiones personales.

"Cuando uno escucha 'la ley del embudo'
del grupo vallenato 'Los Betos' ve el problema
del paramilitarismo expresado en el arte y el
folclore colombiano. Pero saltar de allí a la
liberación de un pueblo que nunca ha querido
ser liberado (¿de qué?) como el pueblo
colombiano es un sueño metafísico".

En latinoamérica aun sufrimos de un resentimiento endémico que se disfraza de "pensamiento crítico". Yo mismo he caído en la trampa de verme criticando a quienes celebran el día de San Valentín (y aun lo hago) en la medida en que no comprendo a quienes festejan sus razones. Pero soy capaz de entender que detrás hay intereses económicos fuertes que nada tienen que ver con capitalismos salvajes sino con egoísmo o ignorancia de los consumidores compulsivos. De hecho, si se piensa detenidamente, si se va a hablar de comunitarismo o alguna otra doctrina que se pretenda "más humana" esa doctrina tendrá que tener en cuenta que hoy día no es lícito emplear los conceptos en abstracto; por lo tanto, no se puede hablar de "consumismo" como un fenómeno de quienes compran, entre otras porque esos compradores benefician a quienes venden. El día de la mujer, San Valentin, hasta San Patricio he visto celebrando, y nada de eso es nuestro. Sin embargo ¿qué lo es?

Creo que es hora de dejar de lamentarnos por nuestros indígenas. No podemos olvidarlos y estarán presentes en nuestro idioma y nuestra conciencia; no obstante ya no hablamos quechua o alguna lengua similar ni andamos con taparabos. Es más, ¿a qué regresar? No es momento de lamentarnos porque hayan venido los españoles en lugar de los ingleses o los franceses o los alemanes. Creo que es momento de unirnos como latinoamericanos, pero no bajo ideales ingenuos y anacrónicos como "el sueño del libertador" y amparar toda una campaña política bajo la imagen de Simón Bolivar. Si dicha unión se va a realizar -como en efecto ocurrirá tarde o temprano- será auspiciada por un fenómeno que tenga en cuenta que una nación tan grande que vaya desde Argentina hasta México es una nación que será capaz de enfrentarse "al mundo globalizado" (un cuento tan antiguo como el mundo mismo) y será capaz de hacer negocios y proteger los recursos que se poseen sin temer a las multinaciones extranjeras ni a Estados egoístas que las protegen (especialmente en el caso colombiano y el fenómeno del paramilitarismo).

En estos momentos tenemos empeñado nuestro territorio a empresas multinacionales que explotan los recursos que hay porque no tenemos con qué. Tenemos un alto índice de violación a los derechos humanos y una historia de paramilitarismo bastante aguda y triste que aun hoy día se vive pero que no se puede escapar. Si somos capaces de dejar las bromas tontas entre países hermanos, si somos capaces de superar los estigmas (colombiano= droga, peruano= poyada, brasilero=follador compulsivo, argentino=europeo egocéntrico, etc. -sin desconocer que de una u otra manera esos rasgos son propios en cierta medida de cada región-) y dejar las tonterías entre países latinoamericanos; si somos capaces de olvidarnos de ese sueño de ser hermanos y mirarnos unos a otros como idiotas (mejor ser amigos, o primos, o empresarios) entonces ahí sí podríamos ser capaces de crear esa nación con que sueña la OEA y dejar de hacer reuniones ridículas entre presidentes para empezar a resolver los problemas que realmente importan.


Sin embargo eso también se dará cuando Colombia resuelva sus problemas de narcotráfico, paramilitarismo y desplazamiento, lo mismo que cuando los brasileros resuelvan el asunto de sus favelas y los argentinos resuelvan el problema de las villas. En suma cuando se resuelva la ausencia del Estado allá en los límites (aunque siempre habrán los límites del Estado) y podamos enfrentarnos, ahí sí como una sola nación, al problema del amazonas y esa idea de ser un "espacio universal" que "debe ser protegido" por el el pulmón de la tierra. Lo mismo con los problemas por los que atraviesa Bolivia en recursos naturales y la escazes de trabajo.

Apuesto a que dicho en estos términos ya no dan tantas ganas ni parece tan sencillo armar la unión latinoamericana soñada. Entre otras razones porque Colombia ha sido un país tradicionalista y derechista. Sin embargo esto no es una arenga para fomentar una latinoamérica de izquierda unida -quizá ese es el problema, soñar con una izquierda unida que no se ha dado más que por la fuerza- sino todo lo contrario: una latinoamérica que reconozca que hacer dinero es importante y que los bancos no son realmente el problema sino el lugar hacia donde dirigen todo el flujo de dinero que hay. Eso significa que no habría que eliminar la banca y que todo fuera público, pero sí habría que ejercer control sobre el lugar al que el dinero se dirige cada vez que sale de mi bolsillo y lo dirijo al banco y éste me quita dinero por cada transacción que haga (ojalá se apruebe la ley colombiana de generar un solo cobro por cada transacción; eso no significa menos descuentos sino más control sobre éstos, es decir, un paso previo).

No sé. Honestamente el tema es mucho más complicado de lo que suena y no es solo cuestión de voluntad política. Si todos fueramos tan buenos hombres entonces seríamos capaces de cuidar unos de otros en todos los aspectos, pero eso no ocurre porque el mundo no funciona así. Lo que podemos hacer es generar mecanismos legales para lograrlo. Y al mismo tiempo hacernos mejores personas para cuidar de los otros, para salvarnos del egoísmo que nos pertenece. Para eso se hace filosofía, para ir preparando el camino para estas cosas. Quizá lo que se ha malinterpretado es el ejercicio mismo de la escritura o la enseñanza; no creo que el problema vaya a resolverse con quitar el seminario de Hegel por poner uno de Alejo Carpentier o algo por el estilo; ni que se trate de "generar conciencia" o "cambiar de conciencia" (ni nada que tenga que ver con conciencia) sino del modo de enfrentar los problemas. Tradicionalmente al pueblo colombiano no le han gustado nunca las protestas (porque no dejan "al colombiano de bien trabajar"), pero los estudiantes el año pasado dieron buena prueba de que se puede hacer algo seriamente sin llegar a recurrir a la violencia. Ahora, con todo y los insultos que recibió la ministra (infantiles en el mejor de los casos y abusivos y obsenos en el peor) ella tenía razón en un punto: venga y proponga.

Me he esforzado en esbozar una propuesta pero no es tan fácil como parece. Y el colombiano padece de eso...padece de criticar y de sabelotodo. De creerse el pavoreal con el mejor plumaje del continente (quizá por eso la envidia con los argentinos). Todos son tan excelentes directores técnicos de la selección (basta echar un vistazo a cualquier tienda del país un día que juegue la selección colombiana de fútbol y escuchar, entre gritos y comentarios, los consejos siempre apropiados de los televidentes), todos tan buenos legisladores y políticos. Eso hay que cambiarlo señores. Hay que empezar por proponer más y "hacer" menos. Tenemos en la academia excelentes intrérpretes de otros filósofos, lo mismo que traductores e investigadores, pero hay que fomentar la investigación. No obstante, lo primero es resolver nuestro problema de tierras, de desplazamiento, de narcotráfico. Si alguien se sorprende de no ver acá el problema de las farc la respuesta es simple: solucionando los problemas señalados (fomentados por la desprotección del Estado a las ciudades donde hay mayor cantidad de recursos y que son explotados por compañías extranjeras) las farc no serán un problema. De lo contrario, seguirán asesinando y secuestrando extranjeros y gente con dinero. Y quién sabe, a lo mejor en el futuro no se llamen farc sino tengan otro nombre, y volveremos a la misma situación de siempre, esperando otra vez que las cosas se resuelvan por la fuerza.

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