Sobre el prejuicio del
culturalismo y la igualdad
Sobre el
prejuicio del culturalismo habrá mucho que decir, pero en Colombia los
cimientos de doctrinas de este estilo calan a fondo en el imaginario colectivo.
Aún no sabemos muy bien por qué, pero todos los problemas del país parecen
desprenderse del problema cultural. Y cada colombiano estará de acuerdo en
desprender todos los problemas por falta de cultura. El transmilenio está muy
lleno: falta de cultura. La gente se pelea: falta de cultura. Se matan en las
calles: falta de cultura. Los policías son unos cerdos: falta de cultura. Los
políticos son corruptos: acá no hay cultura política.
Bien, no conozco mucho de estos asuntos pero creo que quienes afirman esto están desconociendo que 1) el Estado se instituyó precisamente como un garante de seguridad con uso exclusivo y legítimo de fuerza. Obviamente a nadie le preguntan si quiere hacer parte, lo incluyen, pero tácitamente usted se puede salir, aunque asumiendo las consecuencias. 2) Sostener que todos los problemas se derivan de la cultura es suponer demasiado porque con ello lo que se está queriendo decir es que por medio de algún tipo de comunitarismo antropológico deberíamos ser capaces de vivir en comunidad, con la madurez necesaria para discutir nuestras diferencias. Lo que a su vez significa que es la educación lo que nos permitirá salir de la barbarie y "culturizarnos".
No se
tienen en cuenta factores como la calidad de la educación y los medios de
acceso a ella. EL país fue hecho por economistas y abogados, probablemente sean
ellos y no los filósofos y los antropólogos los que tengan la respuesta a
este asunto. Pero con toda seguridad el problema no es solo de educación; vías
en mal estado y pésimo transporte no son un asunto de cultura -ni siquiera
política-, sino de corrupción: nuestra cultura es la de la corrupción. Sin
embargo no quiero que esto suene a arenga: seguro que podemos ser mejores, pero
eso será legislando, construyendo un Estado fuerte, lo que se logrará cuando
dejemos de ver derechos únicamente y veamos también que hay obligaciones.
Porque aquí todo el mundo habla de paz y se compromete, pero no cumple.
Por mi parte creo que es un sueño metafísico eso de vivir en comunidad pacíficamente, no porque seamos inherentemente violentos, sino por egoísmo. Es decir, las marchas, las protestas están llegando a un extremo donde si mi objetivo es llamar la atención bloqueo transmilenio, porque quiero llamar la atención, como ocurrió el lunes pasado con los trabajadores de saludcoop hacia el norte de la ciudad. Creo que quienes nos dieron ejemplo de hacer buenas marchas fueron los estudiantes el año pasado: un marcha puede ser mucho más creativa que bloquear la ciudad, entre otras razones porque el que protesta tiene tanto derecho a protestar como yo tengo el mismo derecho a no prestarle atención. O ¿estoy obligado a oír todo lo que ocurre? Si yo soy un godo, ¿no tengo también derecho a vivir acá en mi país? No quiero defender doctrinas políticas, pero hay violencia en nuestro lenguaje, y por lo tanto no me parece lícito hablar en términos de paz. Como dice les luthiers: "nuestro canto es para la paz y para la concordia...y para que se mueran los cerdos burgueses". ¡Plop!
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