jueves, 12 de abril de 2012


¿Cuál es nuestro papel en este asunto?

“Y aquí estoy esperando...
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida...” León Felipe
I
Se dice –aunque no hay muchos fundamentos de ello– que cuando Yuri Gagarin salió de la tierra en el transbordador dijo: "salí y no vi a Dios". Naturalmente, frente a una afirmación tan simple y de tanto alcance lo mínimo que puede preguntarse es ¿y qué esperaba ver? ¿Un señor barbudo, grande? ¿Una figura humana? ¿Qué carajos esperaba ver? No importa si el ruso Gagarin lo dijo o no, lo que importa es que a la pregunta sobre la ubicación de dios (¿dónde está Dios?) se contrapregunta ¿qué es Dios? ¿Qué entiende usted por Dios? ¿Quién es Dios...?
Con esto, lo único que puede sostenerse es que el tema Dios es una discusión y una argumentación teológica y  conceptual (de ahí que por ejemplo Nietzsche, cuando se refiere a Dios, añada "…y hablando teológicamente", es decir, desde un concepto. Véase un ejemplo de lo que digo en el prólogo a la segunda edición de Humano demasiado humano.) Ahora bien, dicho lo anterior, es lícito exponer que una figura como la de "creyente", tal cual la trata Jean Amery en su libro más allá de la culpa y la expiación represente fortaleza, fe y mirada hacia el porvenir. Este "mirar adelante" sólo es posible en la medida en que, independientemente de lo que sea Dios, el creyente no quiere argumentar cómo será, sino que presupone su existencia y, en casos particulares (judíos en Auschwitz), se espera la venganza.
Esperar la venganza es traducido eufemísticamente, por la tradición judeocristiana, con la expresión "justicia divina". Dios es justo, Dios es bondadoso... ¡Dios es amor! Todo ello son categorías que se otorgan desde el "conocimiento humano" (Kant diría que son juicios de la razón y, por tanto, inaplicables a Dios, pues Él abarca y excede los límites de la razón.) Suponiendo que estuviera superada la cuestión de los idiomas y las traducciones (tan problemática y agotadora en la filosofía), ¿qué nos es lícito decir a nosotros, los que conocemos...? ¿Acaso alguno vio a Dios? ¿Hay alguien que haya hablado con él? (elimino de mi pregunta a Tomás de Aquino, Agustín de Hipona y todo lo que huela a santidad.)
Con todo esto, la cuestión que desplegamos es la justificación de las preguntas que hacen Estragon y Vladimir, personajes de la obra Waiting For Godot (Esperando a Godot, ya que en nuestro español no es lícito usar la expresión “esperar por”) de Samuel Beckett. Todo lo que preguntan ellos no lo reproduciremos acá. Simplemente, nos limitaremos a decir que sus preguntas apuntan a que desconocen totalmente a Godot; no lo han visto, no saben cómo es, ni cuando vendrá.
II
¿Por qué Beckett pone un árbol como único elemento en su obra? Apartándonos del minimalismo y el "teatro pobre" lo que sugiere el propio texto es una interpretación bíblica del tema, tanto por la mención de la Biblia en el primer acto, como por el árbol y la relación con el paraíso; también porque esperan a Godot el día sábado, que es el día en que, según el relato bíblico, el hombre fue creado:

"ESTRAGON: ¿Estás seguro que era esta noche?
VLADIMIR: ¿Qué?
ESTRAGON: Cuando debíamos esperarlo
VLADIMIR: Dijo sábado (pausa.) Creo.
ESTRAGON: Después del trabajo
VLADIMIR: Debí apuntarlo. (Registra en sus bolsillos, repletos de toda clase de porquerías.)"
Sin embargo, los filósofos, siempre temiendo lo simple, intentan interpretar más allá de la realidad (a propósito del texto citado, más allá de la culpa y la expiación). "¿Si será que Beckett quiso ser tan obvio?" es una pregunta que usualmente sería formulada por aquellos quienes someten los textos a interpretación. Nosotros no queremos interpretar, y esto tiene un buen fundamento. Los diálogos entre los personajes son lo que hemos convenido en llamar "absurdos". Debemos tratar este tema con cuidado y pensar ¿qué es un absurdo? ¿Qué es un sinsentido?
Decir que algo tiene sentido es meterse en un problema filosófico. ¿Qué tiene sentido? Desde Auschwitz, difícilmente puede decirse que algo racional tenga sentido. Sinn en alemán, Sense en inglés y sentido en español. En cualquier caso el concepto remite a otros conceptos, y uno de ellos puede ser inclinación. El sentido es inclinación hacia algo. Cuando algo se contradice a sí mismo (no puede ser de otro modo) no es que no tenga sentido, sino que es un contrasentido, es decir, va en distintas direcciones; va y vuelve al mismo tiempo. Todo esto es visible al único ojo capaz de percibir estas cuestiones: la razón. La razón es la única cosa (y no sé si Heidegger estaría de acuerdo conmigo en decir que la razón es una cosa; me parece que sí, pero si no, ¿qué más da...?) capaz de percibir una contradicción y, en consecuencia, un sentido, una inclinación[1]. Así las cosas, ¿tendrá el mundo sentido? (nuevamente ya decía el viejo Heidegger que el sentido del mundo era otorgado por el humano.) No puede decirse que los diálogos de los personajes de Beckett sean absurdos por el simple hecho de carecer de una continuidad espacio-temporal (responden las preguntas con cosas que parecen respuestas a otras preguntas). Más bien, la pregunta es ¿qué esperamos ver?, ¿qué sentido esperamos encontrar?
III
Mientras Vladimir y Estragon esperan a Godot, nosotros esperamos encontrarle un sentido a la obra. ¿No será que Beckett nos está mamando gallo…? Naturalmente, si yo pregunto esto, llegará otro más erudito y preguntará ¿no será que usted debería salirse de estudiar filosofía? O ¿no será que debería tomar en serio sus argumentaciones? Sí. Seguramente. Me defiendo con unas palabras de Vladimir: "ni siquiera se atreve uno a reír".
Eso sí, retomando el sentido y el contrasentido, siendo éstos visibles a la razón, es lícito preguntarse si realmente existe el sentido. De lo contrario, de no existir, ¿esperamos hacerlo?, ¿esperamos encontrarlo? Después de todo, Godot es solo un nombre, un nombre que representa algo, un nombre que es un juego metafórico que a veces, en el mundo real, resulta agobiante de jugar. Godot es el nombre de algo inexistente, pero un nombre que, lingüísticamente, representa el sujeto que acompaña una acción. Ahora bien, la acción (esperar) puede ejecutarse con independencia del sujeto, pues éste no es el que la ejecuta. Eso justifica las palabras de Vladimir: “¿A Godot? ¿Atados a Godot? ¡Qué idea! ¡De ningún modo!”
Lo que intentamos sostener es que no importa qué o quién sea Godot. Lo que importa es el esperar. Tampoco importa qué o a quién se espera, sino ¿por qué se espera? Cuando Albert Camus dice que la vida es absurda, yo le he preguntado ¿y qué sentido le esperaba encontrar? Y cuando dice que el suicidio sería una salida racional, yo le pregunto, ¿por qué no lo hizo?, ¿por qué no tomó esa salida? Sus razones tendría, razones que no serían racionales y que, contradictorias o no, eran razones no racionalizables (otra trampa más del lenguaje) aunque encontramos la respuesta a ello en su extranjero y la sensualidad del mundo.
IV
Los temas de análisis propuestos son la relación entre el vacío de Dios y la esperanza; la soledad y la incomunicabilidad; el sinsentido y el absurdo de la existencia. Creo haber dedicado suficiente tiempo al sinsentido y al absurdo. No veo razón alguna para decir que la vida sea absurda. Lo único que veo es que en la construcción de sentido, en términos heideggerianos, los hombres esperamos ver hasta cierto punto. Jean Amery, en el texto citado, dice que siendo él un intelectual, cuando entró al campo de concentración, encontró, junto con otros intelectuales (también los llama hombres de espíritu) imposible todo lo que veía. Tiempo después entendió que todo cuanto sus ojos veían, en efecto, podía pasar. Su tesis es que el hombre anda imaginando lo posible, pero jamás pasa del terreno de la imaginación…hasta que lo imaginado, sucede…y además sorprende.
Asimismo pasa con el sentido. Imaginamos que hay un sentido, uno racional, uno ideal, y cuando pasan fenómenos como Auschwitz –al que ciertamente se le han dedicado numerosas páginas y artículos con el objetivo de demostrar que la cacería fue todo menos “carente de razón” – surge el escándalo, la sorpresa, el ¿cómo pudo pasar? En rigor, hay sentido en toda la naturaleza, siempre que sepamos ver con los lentes adecuados. La razón humana lo que hace es hallar el sentido, incluso si debe inventarlo, imaginarlo, o soñarlo: en definitiva, justifica, aunque justifique lo injustificable.
V
Independientemente de las argumentaciones, los absurdos, los sentidos, es necesario regresar a la reflexión por la búsqueda de la verdad, sin que ello signifique objetivizarla, tiranizarla, unificarla, totalizarla. Habrá que reflexionar nuevamente con la siguiente pregunta: ¿es verdadero que la vida es absurda?, ¿es verdad que no tiene sentido? Y si lo es, ¿qué sigue al descubrimiento de tal verdad? Por tales razones, yo no encuentro razón alguna para hablar de Beckett. Su obra misma es un absurdo (o eso intenta mostrar él), y hallarle sentido es tarea de filósofos, no de poetas. Ya decía el viejo Schopenhauer: “la verdad del hombre no la expresa la historia sino la poesía. La historia narra solo los acontecimientos y se queda siempre anclada en la superficialidad del fenómeno. La poesía, en cambio, narra lo que nunca envejece porque nunca sucedió.”


[1] Desde Auschwitz ha debido revaluarse el concepto de razón, de racional y de racionalidad. En esa medida, cuando digo que algo racional no tiene sentido lo que quiero decir es que la razón es la única cosa que puede captar un sentido; no en vano Heidegger sostiene que el sentido de algo es el que uno le otorga; en consecuencia, la razón ya no quiere otorgar sentido a nada desde Auschwitz, por lo que se cae en un sinsentido y en el absurdo. Pero de ahí a decir que la vida “no tiene sentido” porque es absurda, es un contrasentido si apreciamos la tesis de Heidegger y la construcción de sentido del mundo de la vida.

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